Cerrar heridas del pasado

Hace justo una semana tuve una cena.

Te prometo que jamás, pero jamás, había estado tanto tiempo sin hablar.

Solo escuché.

Te cuento por qué.

Y es que escuché esta historia (real).

Pareja con sus 2 hijos pasea por El Corte Inglés una tarde de verano.

Entre bañadores y camisetas Slim fit una mujer, bien vestida, son estilo, de las que sabe hacer que las personas se queden mirando (sobre todo los hombres), se cruza en el camino del padre.

Un vuelvo al corazón fue solo el inicio.

Sudoración axilar, gotas frías por la frente, cambio total en las facciones de la cara y tembleque en la voz al saludarse.

No solo se conocían.

Habían sido pareja en la juventud, pero sus caminos se habían separado.

La madre notó en su marido un cambio en sus cara, no era él, era otra persona, nunca le había visto con esa sensación de felicidad extrema y relajación.

El hombre había estado enamorado de esa mujer hasta los huesos en el pasado.

Nunca la había olvidado, pero… la vida los separó.

Después de saludarse cada uno siguió su camino.

Otra vez.

Este hombre queda marcado, no fue el mismo desde entonces.

Por una serie de circunstancias se queda viudo.

Y por otra serie de circunstancias acaba yendo a una psicóloga.

Yo, que también he ido a psicóloga, sé que hay un trabajo específico que hacen los psicólogos para cerrar heridas del pasado.

Las suyas (entre otras) eran con esta mujer que vio, sin querer, sin buscarlo, en El Corte Inglés.

Empezó a investigar.

Sabía dónde vivía en la época en la que eran pareja.

Sabía perfectamente sus dos apellidos, los nombres de sus padres y la casa en la que ella vivió.

Ayudado (supongo que ilegalmente) por su hija policía y explicando la situación de necesidad, después de varios meses de investigaciones propias y ajenas… tenía una dirección.

Acudió, sin esperanza, sin ninguna intención, sin pretensiones.

Solo quería verla, nada más.

El portero del edificio le enseñó el buzón del portal 5: Susana Gómez Martínez (nombre que me invento).

Era ella.

  • Señor (dijo el portero), tiene que saber una cosa.
  • Dígame.
  • La señora Susana murió hace 2 meses.

Te juro por lo que más quieras, que no pude dejar de escuchar esta historia.

Hablada gana mucho más que escrita, te lo aseguro, aunque espero haber generado esa sensación de querer seguir leyendo.

No hace falta que te cuente historias como esta para que me compres un equipo o productos para tu laboratorio.

Ni que me las cuentes tú.

Lo que hace falta es que tengamos confianza el uno en el otro, como tenía el hombre de la historia en encontrar (como parecía) al amor de su vida.

Confianza para que me digas si realmente quieres que trabajemos juntos o no.

Confianza para decirte la verdad sobre tu pedido, sobre tu consulta o sobre un plazo de entrega.

Si no hay confianza no se puede trabajar bien.

Si quieres comprobar o confirmar si tienes confianza conmigo, no tienes más que escribirme, quedamos y lo verás.

Te lo aseguro.

Que la Ciencia te acompañe.


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