A veces hago preguntas raras.
A mi hijo le suelo hacer preguntas de este tipo.
¿Qué tal el entrenamiento de basket?
¿Alguien se ha roto la oreja?
¿O se le ha caído la nariz?
¿O ha ido a entrenar en calzoncillos?
Él se ríe y el otro día va y me suelta…
- Papá, no ha pasado nada de eso, pero hoy hemos ido a hacer el físico a la pista de atletismo y he visto a un señor. Tenía las tetas más grandes que mamá y la espalda más grande que mi entrenadora (parece jugadora de waterpolo). Llevaba el pantalón y la camiseta muy ajustados y además… era guapo.
Me lo ha contado totalmente emocionado.
Cuando voy a mis visitas a laboratorios también hago preguntas raras.
¿Qué es lo que más te gusta de tu actual proveedor?
Si estamos aquí los dos sentados, entiendo que es porque quieres trabajar conmigo, ¿es así?
¿Qué producto es el que más dolores de cabeza te da?
Son preguntas normales, para mí.
Pero raras para algunos clientes, porque así me lo explican.
Me dicen que nadie les pregunta estas cosas.
Que normalmente el proveedor va a soltarles “su libro” y poco más.
Pregunto eso porque quiero saber qué es lo que consideras que te gusta de un proveedor, para ver si yo estoy en esa dinámica.
Pregunto si quieres trabajar conmigo directamente, porque si es que no, nos levantamos y cada a lo suyo, no tiene sentido y no quiero perder mi tiempo, al igual que tu no querrás perder el tuyo.
Quiero saber qué es lo que te preocupa, porque quitar dolores de cabeza es lo que más me gusta.
Que la Ciencia te acompañe.
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