Me arrepiento de haberlo intentado.
Me arrepiento de haber puesto en práctica nuevas maneras de hacer las cosas, me habría ido mucho mejor si me hubiera quedado tal y como estaba.
Me arrepiento de haberme arriesgado.
Me arrepiento de haber sido tan proactivo. Estaba mejor esperando a ver qué ocurría.
Me arrepiento de haber salido a la calle a buscar clientes.
Me arrepiento de haber invertido parte de mis comisiones y de mi salario en formarme.
Me arrepiento de haber trabajado en conocerme a mí mismo para transformar mi mentalidad.
Me arrepiento de haber buscado siempre la forma de hacer mejor las cosas.
Me arrepiento de intentar mejorar cada día y ser mejor en mi trabajo.
A ver…
Nunca.
Nunca en mi vida he escuchado estas palabras salir de boca de un vendedor.
Y mira que llevo años en el mundo de las ventas.
Tampoco he escuchado de boca de un cliente:
“David, trabajas fatal, no quiero volver a verte”.
“Así es imposible, no me contestas a los emails y así no se puede trabajar”.
“No vengas más, los chicos del laboratorio están cansados de tus charlas”.
“No vuelvas, de verdad, tu forma de trabajar es incompatible con la nuestra”.
Por lo tanto, te diría.
¿Tú crees que te vas a arrepentir de trabajar conmigo?
Eso lo tienes que decidir tú y solo tú.
Quizá este comentario de L.F. de la empresa XXX te ayude:
”En nuestro caso, gracias a David, porque en estas semanas ha hecho muchísimo y su predisposición y ganas se agradecen y por lo tanto nuestra confianza la ha recuperado él y es de agradecer”.
Que tengas un día estupendo.
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