Cuando me decidí a lanzar El Newsletter de los Científicos tenía una serie de miedos rondándome la cabeza.
En aquel momento escribía una vez a la semana, pero vamos, hubiera preferido escribir una vez al mes, o quizá solo en Navidad.
Ahora escribo, como sabes (salvo que seas nuevo), dos veces a las semana.
Esos miedos eran:
Nadie te leerá.
Nadie se suscribirá.
Vas a ofender a la gente.
No tienes tiempo para esto.
Ya existen mejores newsletters.
Nunca pasarás de los primeros 3 meses.
No valdrá de nada.
Esto va a fallar como todo lo demás.
En realidad, no vas a ayudar a nadie.
Una newsletter, ¿pero qué es esto? ¿Los 90?
No podrás seguir el ritmo.
La gente dirá que eres machista, o feminista o …
¿Por qué alguien iba a leerte?
No eres ningún experto.
Nadie tiene tiempo para leer newsletters.
De hecho, la gente ya no lee.
Eres un don nadie.
Eres la vergüenza de los químicos.
Tu perspectiva está equivocada.
Eres un impostor.
La gente no te leerá porque sabe que les quieres vender.
¿Qué te hace pensar que escribes bien?
Eres un falso y todo el mundo lo verá.
Mis hijos no estarán orgullosos de ti.
Después de este año ¿qué es lo que me ha hecho seguir adelante?
Te diría el talento, pero no, ha sido la persistencia. El talento se coge con la práctica. Ahora escribo emails como este en minutos, despierto emociones en quien los lee y me escriben para concertar visitas o interesarse por algún producto.
¿Soy una escritor perfecto? No, pero estoy cerca de ti y aprendo cada día. Es mejor que esperar a escribir el email perfecto.
Que tengas un día estupendo.
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