Pues yo tampoco

Esta historia es real.

Tan real como que me pasó a mí el martes 9 de septiembre de 2025.

Tres Cantos, 13:27.

Salgo de unas visitas (muy productivas, por cierto) y me acerco a una gasolinera BP.

Antes de salir del coche, recuerdo la conversación con el cliente, el proyecto es buenísimo y lo tengo pegado en el cerebro, pensando cómo les puedo ayudar.

Venga va, echa gasolina que te lías, David.

Salgo del coche con total normalidad, lo cierro y me fijo en el número de surtidor.

  • Buenos días, 30 de 95 en la 4.
  • ¿Tarjeta de puntos?
  • Sí, y te pago con tarjeta BP de empresa.
  • Muy bien, ponga el pin por favor.

(Primera aventura)

Pongo un número y da error.

Bueno, lo mismo lo he puesto mal, a veces pasa.

Pongo el mismo número y da error.

A ver, ¿estamos tontos o qué pasa aquí?

Pero claro, un sudor frío recorre mi espalda y pienso que como la líe una vez más, se bloquea la tarjeta.

De pronto, recuerdo que el número que estaba poniendo no era el pin de esa tarjeta.

Saco el móvil y confirmo que es otro número.

Acierto a la tercera y mis pulsaciones empiezan a tranquilizarse.

Salgo de la tienda y me dirijo al coche.

(Atención, segunda aventura)

En ese momento me viene de nuevo a la cabeza el proyecto del cliente de la visita de hace unos minutos, así que me subo al coche y me pongo a ver buscar una cosa que tengo en la cabeza que creo que puede ayudarles.

Termino la búsqueda.

Arranco y me voy.

¿Tú echaste gasolina?

Pues yo tampoco.

Me fui tan ancho, tan contento, tan inmerso en mis pensamientos.

No me di cuenta hasta llegar a casa.

¿Con esto qué te quiero decir?

¿Que recuerdes echar gasolina después de pagar?

No creo que te haga falta, no conozco a nadie que le haya pasado esto.

Irse sin pagar, sí, pero irse sin repostar habiendo pagado… la verdad es que no.

Pero bueno, es que a ti no se te olvidan las cosas, ¿o qué?

No me creo que no se te haya olvidado alguna vez reponer las cajas de guantes.

O cuando ves la última botella de metanol, hacer un pedido.

O creer que tienes el armario lleno de puntas de pipeta y que luego no sea así.

A todos se nos olvidan cosas.

Pero te voy a decir una cosa.

¿Y si en lugar de tener que acordarte de todo, te echo un mano?

A ver, que no me voy a poner la bata y voy a estar contigo como pepito grillo recordándote las cosas.

Pero… ¿y si me dices cuáles son tus productos vitales, sin lo que no podría funcionar tu laboratorio, te hago una propuesta y te los guardo en mi almacén?

¿Te imaginas que se te olvida pedir algo vital?

Ningún problema, ya te tengo en mi almacén y te lo envío en 24-48h.

¿Te imaginas no tener que acumular cajas por el laboratorio, en las poyatas o encima de los muebles?

No lo hagas, ya te las guardo yo en mi almacén.

Todos nos equivocamos alguna vez, pero si tiene remedio, ¿por qué sufrir?

Cuéntame tu situación y veo si puedo ayudarte.

Que la Ciencia te acompañe.


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